Jaime I · La historia de un Reino
Homenaje al Rey Jaime I en el 750 aniversario de su muerte (1276-2026)
El Ars Antiqua, música de trovadores en la Corona de Aragón y poesía andalusí, Valencia (s.XII-XIII).
Capilla de Ministrers reúne en este concierto la historia musical en torno a Jaime I: Ad Honorem Virginis, Amors y Cansó y Al-hadiqat Al-adai’a. Repertorio trovadoresco vinculado a la Corona de Aragón, música sacra y música andalusí de los reinos de taifas orientales. Una antología musical que se muestra como una perfecta lección de historia y un apasionante viaje musical a la Edad Media.
I – Al-Hadiqat Al-Adai’a (El Jardí Perdut)
Música, dansa i poesia andalusina en la València dels segles XII i XIII amb obres de poetes com Ibn Jafáya, Ibn ZaqqÁt, Amat al-Azíz al-Sarifa al-Husayniyya, descendent de Huseyn el nét del profeta Mahoma, de qui es conserven algunes de les seues composicions en el marc de la tradició musical andalusina en el Magrib; Ibn Al-Abbár, Al-Rúsafi, Ibn Labbána, Ibn AlAríf o Ibn Abi l-Rabi.
- Ibn Jafáya (1058-1139)
Oh València, tu no ets tu
- Ar-Russafí (†1177)
La Russafa de València. Rachika Alkad
Danses d’Al-Andalus
- Tawq al-hamāma. Ahmad Ibn Hazm (994-1064) (Xàtiva, 1023)
Nuba Asbahan. Twichia
II – Amors e Cansó
Cròniques de trobadors de la Corona d’Aragó
S’entén per trobador a tot artista d’entre finalitats del segle XI i finalitats del XIII capaç de crear la lletra i música de les seues cançons. El més antic del que hi ha notícia és Guillem, duc d’Aquitània (1071-1126), i l’últim s’estima que va ser Guiraut Riquier (†1292), que entre uns altres va estar al servei d’Alfonso X el Sabio. Aquest treball conté obres de Raimon de Miraval, Berenguer de Palou, Ponç d’Ortafà, Matieu de Carsí, i de l’esmentat Riquier.
- Berenguer de Palou (…1164…)
Ab la fresca clardat
De la gensor qu’om vey’
- Ponç d’Ortafà (c1184-1246)
Si ai perdut mon saber
CANTIGA – CSM 156 Instrumental
FOIA – CSM 166 instrumental
- Berenguer de Palou (…1164…)
Tant m’abelis joys et amors et chants
LAI – Cantigas 139/183 instrumental
III – Ad Honorem Virginis
Per a honrar lo nom de la Mare de Deu
L’Ars Antiqua a la Corona d’Aragó. El dia 9 d’octubre de 1238 va fer la seua entrada a València Jaume I el Conqueridor, acompanyat de la seua cort, culminant així la campanya militar de reconquesta del regne valencià. Aquell mateix dia el rei va assistir al seu primer acte oficial: la consagració de la mesquita major, convertida des d’aquell instant en catedral del nou bisbat; després de la cerimònia va seguir la celebració de la Missa on s’escoltaven melodies religioses de la tradició cristiana.
Cantigues d’Alfons X el Savi
Madre de Deus
- Guiraut de Borneill
Reis Gloriòs (cansò d’alba)
VIRELAI – CSM 12 instrumental
ROTUNDELLUS – CSM 105 instrumental
Llibre Vermell de Montserrat
Los set goyts recomptarem
Mariam matrem
Polorum regina omnium nostra
Cuncti simus concanentes: Ave Maria
IV – Cant de cigne
En ira se m’ha convertit el meu plaer
- Matieu de Caersí (…1276…)
ROTUNDELLUS – Cantiga 105 instrumental
Planh a la mort de Jaume I, València 26 de juliol de 1276
Tant suy marritz (Contrafactum)
Cant de la Sibil·l.la
Audite quid dixerit: Iudicii Signum, Girona? segle XII
De la gensor qu’om vey’
- Ponç d’Ortafà (c1184-1246)
Si ai perdut mon saber
CANTIGA – CSM 156 Instrumental
FOIA – CSM 166 instrumental
- Berenguer de Palou (…1164…)
Tant m’abelis joys et amors et chants
LAI – Cantigas 139/183 instrumental
Fundada en 1987 por Carles Magraner, Capella de Ministrers es una agrupación española dedicada a la investigación y difusión de la música histórica, abarcando desde la Edad Media hasta el siglo xix.
Su trabajo combina rigor musicológico con una interpretación sensible y apasionada, lo que la ha convertido en un referente de la música antigua.
A lo largo de su trayectoria, ha ofrecido conciertos en prestigiosas salas de España como el Auditorio Nacional y el Palau de la Música de Valencia, y ha participado en festivales como el Festival Internacional de Música y Danza de Granada y el Festival de Música Antigua y Barroca de Peñíscola.
Su proyección internacional es destacada, con presentaciones en países como Francia, Italia, Alemania, ee.uu, China y Marruecos, actuando en espacios emblemáticos como el Metropolitan Museum de Nueva York y el BachFestival de Leipzig.
Capella de Ministrers cuenta con una extensa discografía bajo sellos como Auvidis y cdm, el propio sello del grupo. Ha recibido múltiples galardones, incluyendo el International Classical Music Award (icma) en 2018 y 2023, el Premio Carles Santos de la Música Valenciana y la Medalla de Honor del Consell Valencià de Cultura en 2023.
Además de su trabajo en conciertos y grabaciones, la agrupación ha incursionado en las artes escénicas, colaborando con directores, coreógrafos y músicos de renombre. Capella de Ministrers sigue comprometida con la recuperación y difusión del patrimonio musical, consolidándose como una de las formaciones más prestigiosas de su ámbito.
Carles Magraner, reconocido violagambista y musicólogo español, es el fundador y director de Capella de Ministrers desde 1987. Su trayectoria ha estado dedicada a la investigación, recuperación y difusión del patrimonio musical histórico, con un enfoque basado en el rigor académico y la interpretación con instrumentos de época.
Bajo su dirección, Capella de Ministrers se ha convertido en un referente de la música antigua, interpretando repertorios desde la Edad Media hasta el siglo xix. Han realizado giras internacionales por países como Francia, Alemania, Italia, ee.uu, China y Marruecos, actuando en importantes festivales y salas de concierto como el BachFestival de Leipzig y el Metropolitan Museum de Nueva York.
Su extensa discografía, con más de 60 grabaciones bajo sellos como Auvidis y cdm, ha sido aclamada por la crítica y galardonada con premios prestigiosos como el International Classical Music Award (icma) en 2018 y 2023. También ha recibido el Premio Carles Santos de la Música Valenciana y la Medalla de Honor del Consell Valencià de Cultura en 2023.
Además de su trabajo con Capella de Ministrers, Magraner ha colaborado con directores de escena, coreógrafos y músicos de diversas disciplinas, ampliando el impacto de la música antigua en distintos ámbitos artísticos. Su labor sigue siendo clave en la difusión de la música histórica, consolidando a Capella de Ministrers como una de las formaciones más prestigiosas de su género y reafirmando su compromiso con la recuperación del patrimonio musical para las nuevas generaciones.
Jaime I: fundamento y símbolo
A lo largo de los siglos, la figura de Jaime I, rey de Aragón y conde de Barcelona, y primer rey cristiano de València y de Mallorca, ha sido reverenciada como un símbolo de nuestra identidad colectiva e incluso como principal creador del que seria, a partir de su reinado, la Corona de Aragón hispánica, un estado que pervivió hasta las primeras décadas del siglo xviii, cuando Felipe de Anjou lo extinguió con los conocidos decretos de Nueva Planta, tras de ganar la Guerra de Sucesión. El recuerdo de una determinada imagen del rey Jaume —perpetuada en buena medida a través de su Llibre dels feits—, no perdió nunca el poder de atracción sobre los eruditos y los estudiosos, sobre los historiadores y la gente letrada. Incluso, su recuerdo pervivió, más o menos desfigurado, entre el pueblo. No podía ser de otro modo, dado que Jaime I integró las tierras valencianas y las baleares a la civilización europea occidental y fundó sendos reinos cristianos, con los límites fijados por la legislación y con una soberanía jurídica propia dentro del conjunto catalanoaragonés.
Por eso, se puede afirmar que el recuerdo de Jaime I y de su época —la cultura del mundo medieval, los Fueros, la poesía de los trovadores y su música, la religiosidad devota del rey, etc. —, no han desaparecido nunca. De hecho, se revitalizaba sistemáticamente, al rememorarse las fechas de la conquista de las capitales de los antiguos reinos de Mallorca y de València, cada 31 de diciembre en el primer caso —día de la toma de la ciudad de Palma por las armas de los cristianos—, y cada 9 de octubre, fecha de la reconsagración de la catedral de València, en el segundo, y cuando de facto entró el monarca encabezando una procesión solemne en la ciudad del Turia. También en València había un recuerdo especial por el rey cada 23 de abril, fiesta de san Jorge, primitivo patrón de este reino, a quien, según la tradición, Jaime I habría invocado para conseguir la rendición militar de la urbe valentina.
De importancia fundamental será recordar que cada año, en la mayor parte de estas fiestas, en los sermones, debía darse —como tenemos constatado en algunos casos— la cita directa o indirecta del Libre dels feits, que se convertía en fuente ineludible para los curas encargados de la homilía, a pesar de que resulta casi imposible saber hasta qué punto la mención de aquella fuente habría acontecido simplemente un recurso de tradición oral, y, por lo tanto, una mera repetición de datos —con mayor o menor fundamento— transferidas a lo largo del tiempo, de forma no erudita. En cualquier caso, la presencia de aquel personaje histórico del pasado se repetía cíclicamente, cada año, y esto mantenía viva su memoria. Hasta el punto de que, por ejemplo, cuando el 1663, en València, se produjo una revuelta popular contra el aumento de los impuestos, los labradores pedían «quedar en la libertad que el señor rey don Jaime les había dejado», como anotó el cronista Joaquim Aierdi, constatando la extrema popularidad de un rey que ya hacía siglos que había muerto.
En los casos de Cataluña y de Aragón, el recuerdo del rey Jaime I estaba condenado a quedar un poco más desdibujado, pero no olvidado nunca. A pesar de que había sido el monarca que había generado una expansión mayor de la Corona, no es menos cierto que no había accedido a los deseos de la nobleza aragonesa, que ambicionaba integrar las tierras valencianas a sus dominios directos y que no podía ver con buenos ojos la creación de un reino diferenciado que solo favorecía el poder real. De hecho, sabemos que la decisión del rey no gustó a sus súbditos. Por otro lado, hay que recordar que, por voluntad propia del monarca, con su testamento se dividió el estado en dos monarquías, separando el reino de Mallorques —con el Rosselló, la Cerdaña, el Conflent y Montpellier— del conjunto de los condados catalanes y del resto de la Corona de Aragón, cosa que tampoco gustó nada a los catalanes.
Pero a pesar de todo esto, el recuerdo de Jaime I necesariamente tenía que perdurar, en su país, y especialmente en València, donde desde el 1372 y por deseo de Pedro el Ceremonioso, cada 27 de julio —fecha de la muerte del rey Jaime—, se producía incluso una celebración eclesiástica propiciada por la casa real de Aragón, sin duda en paralelismo con las conmemoraciones religiosas de los santos. También habría que recordar cómo Alfonso el Magnánimo, en 1428, hizo festiva la celebración del 9 de octubre en València con una espectacular cabalgata donde la figura del Conquistador seguramente le servía para enlazar con su propia empresa personal: luchaba entonces contra Castilla y acabaría por conquistar del reino de Nápoles. E incluso en este mismo sentido habría que señalar, también, cómo en 1633 se produjo el intento fallido de un descendiente suyo, el conde de Guimerà —Gaspar Galcerà de Castro de Pinós de Gurrea y de Aragón— de canonizar al rey Jaime, del cual se valoraba especialmente que durante toda su vida mostró una gran devoción por la Virgen María, y, al sentir próxima su muerte, vistió el hábito de monje cisterciense, manifestando la voluntad de descansar en el monasterio de Santa Maria de Poblet. En aquel barroco immaculista, la devoción mariana de Jaime I podía ser muy bien vista; pero otras cuestiones que le concernían, no. Y, en especial, probablemente, el hecho que aquel rey pertenecía a un pasado remoto que no tocaba de cerca a la dinastía de los Austrias entonces reinante. También, porque, con la mayor institucionalización de la monarquía hispánica, decayó la conmemoración del obituario de Jaime, en beneficio de la celebración del 9 de octubre. Aquella fiesta, en València, durante el siglo xvi y principios del xvii fue, además, una manera de ensalzar y de recordar la lucha contra el islam, omnipresente en aquellos años en la historiografía local y donde Jaime I era propuesto como modelo a seguir por la monarquía hispánica. Por otro lado, los jurados valencianos acordaron, en 1567, que la conmemoración de su muerte se celebrara el 11 de octubre, después de las fiestas de san Donís, en un intento de mantener así agrupado al calendario el recuerdo del monarca fundador. En el siglo xvii, la agudización del proceso de transculturación en el marco de la monarquía hispánica, la definitiva expulsión de los musulmanes que se estaba realizando en la península, el fracaso del intento de canonización —muy previsible en el contexto de una Corona de Aragón entonces políticamente subalterna— y, sobre todo, la omnipresencia de los referentes religiosos del barroco provocaron un progresivo olvido de la rememoración de la muerte del rey. Pero no de la celebración del 9 de octubre, que revistió siempre una gran solemnidad hasta que Felipe de Anjou, al anexionar a Castilla el reino de València, «por justo derecho de conquista» (1707), impuso unas nuevas instituciones que se iban a encargar de eliminar tanto como les fuera posible cualquier vestigio de la época foral. Aunque, en el caso de la fiesta del 9 de octubre, no salieron bien.
Y así, en el siglo XVIII, el capítulo de la catedral de València, al continuar celebrando cada 9 de octubre la festividad de la dedicación de la iglesia mayor de València, no solo preservó una conmemoración litúrgica de primera magnitud para los valencianos, sino también el recuerdo de la gesta de la conquista de la ciudad por Jaime I. Y en especial, destaca la celebración del centenar, en 1738, aunque con particularidades —como por ejemplo la presencia de la figura del Cid, en las fiestas de aquel año—.
Pero, todavía, conviene remarcar que gracias a la tradición litúrgica, al mantenimiento de la memoria histórica entre las minorías cultas y al interés de los ilustrados valencianos por los Fueros concedidos por Jaime I, la ciudad de València no olvidó nunca la fecha histórica de la fundación del reino. Incluso, en el siglo xviii se produjo alguna copia del Llibre dels feits, aunque fragmentaria y fruto de los intereses eruditos que pretendían averiguar hasta qué punto Jaime I era el verdadero autor de la Crónica. Y más tarde, los escritores y los artistas románticos también se interesaron por el pasado medieval. Todo ello contribuyó a rodear la figura del rey Jaime de una aureola mítica, muy del gusto de aquel romanticismo de raíz inglesa que llegaba a nuestras tierras más o menos desfigurado pero, con todo, con la capacidad de despertar el interés por el mundo de la Edad Media.
El renacimiento, por su parte, aprovechó la conmemoración del sexto centenario de la muerte de Jaime I (1876) para convocar, en València, donde se admitía que se habría producido seguramente el traspaso del rey, una fiesta poética extraordinaria, que reunió a las principales figuras renaixentistas de València, Cataluña, Baleares y Provenza, puesto que los felibres occitanos, por el hecho de haber sido Jaime I señor de Montpellier, también lo convirtieron en un símbolo de fraternidad entre Occitania y los pueblos hermanos de la Corona de Aragón. El movimiento cultural renaixentista —con destacadas figuras mallorquinas— y sus epígonos más o menos «nacionales» potenciaron todavía el recuerdo de Jaime I, no solo con la recuperación de la memoria de la fecha de su muerte, sino con reediciones de su Crònica o Llibre dels feits y con una innovación singular, que partió precisamente de Montpellier: la conmemoración del VII centenario de su nacimiento, el cual tuvo lugar el día 2 de febrero de 1208, que dio lugar, entre otras cosas, a la celebración del Primer Congreso de Historia de la Corona de Aragón, dedicado justamente a la figura del monarca.
Aquel siglo xx iba a ser, definitivamente, el que más interés mostraría por el rey medieval. Las comunidades humanas que se consideran descendentes de su obra política y que integraron durante siglos la Corona de Aragón, desde diferentes perspectivas y con diferentes iniciativas, lo han reivindicado como una pieza clave de su pasado: Cataluña, Aragón y, especialmente, las Islas Baleares y las tierras valencianas lo han convertido en un signo de identidad, en un emblema que exhiben allá donde pueden, orgullosos de su relación con aquel personaje que aprovecha para reivindicar rasgos locales y nacionales, por encima de diferencias lógicas o divergencias esperables. Y esto, hasta nuestros días, en que, más allá de la personalidad o la obra jurídica y literaria del rey, hay una clara voluntad de aproximación al mundo que rodeaba el monarca: la sociedad, la cultura, la política… que se traducen en un deseo de conocer, incluso, la vida cotidiana de la corte. ¿Qué hacían las mujeres? ¿Qué papel jugaban? ¿Y los músicos y trovadores áulicos? ¿Quién eran? ¿Qué sonaba? ¿Qué se comía? ¿Cómo vestían? Y un etcétera inabarcable que hace ver el tiempo del rey Jaime como un mundo atractivo que queremos continuar descubriendo y conociendo.
Un largo recorrido, pues, el de la presencia de Jaime I y su recuerdo, en los territorios de la antigua Corona de Aragón y, especialmente, entre los valencianos. Un largo recorrido que, obviamente, no ha acabado.
Vicent Josep Escartí
Universitat de València / IEC