No sé de quién fue exactamente la idea de poner en marcha el Festival de Música Antigua y Barroca de Peñíscola, pero ¿a alguien se le ocurre un lugar más inspirador para una cita cultural como la nuestra? La imagen del festival, año tras año, hasta llegar a treinta, ha estado a la altura del desafío y no ha hecho sino confirmar esa capacidad evocadora.
Muchas cosas han cambiado desde entonces, así ha sido desde luego también en el ámbito del diseño gráfico, pero gracias a dos grandes creadores visuales hemos podido cumplir ese ciclo sin señales de desfallecimiento: primero fue Rossana Zaera (https://www.rossanazaera.com/, 1996-2016) y luego el estudio Juárez-Casanova (https://juarezcasanova.com/, 2017-2025), dos ejemplos de la gran creatividad visual de las tierras de Castellón.
La propuesta merecía darse a conocer con una imagen potente, y en 1996 pensamos en Rossana Zaera para ocuparse de ella. Rossana era ya entonces una diseñadora gráfica muy reconocida, pero sobre todo es artista. El diseño gráfico resulta muchas veces aséptico y funcional; en su caso, al contrario, forma parte de un universo muy personal, marcado —como sus pinturas o sus esculturas conceptuales— por la memoria que queda registrada en los objetos cotidianos, por las heridas del tiempo y por la convivencia con la naturaleza. Durante varios años trabajó en sus carteles y programas de mano con antiguos grabados, que ella reelaboraba para adaptarlos a su universo expresivo. Posteriormente se inspiró en conchas, caracolas, algas y otros objetos relacionados con el mar, a veces recogidos y fotografiados por ella misma, en encuentros felices con diferentes instrumentos musicales. Sus intervenciones cargaban de nuevos significados una iconografía familiar. El color ganó protagonismo, sin perder una cercanía artesanal y una carga emotiva presente en toda su obra. La calidez de sus trabajos se apreciaba también en la elección de los papeles. Exigente consigo misma, cada año Rossana veía el festival como un desafío que la invitaba a reinventarse, a probar nuevos formatos y diferentes aventuras.
Llegado el momento de un cambio, encontrar reemplazo a Rossana Zaera no era una tarea sencilla. Había que evitar epígonos y sucedáneos, se hacía preciso un giro. Tras una búsqueda exhaustiva dimos con los trabajos del estudio Juárez Casanova, creado por Javier Juárez y Sílvia Casanova en 2004. Con ellos encontramos justo lo que necesitábamos: una imagen muy diferente que sin embargo poseía también una gran carga poética y nos iba a permitir seguir disfrutando de la magia. Juárez y Casanova dominan plenamente los principios del diseño, la composición y el uso de la tipografía, pero la fuerza de sus propuestas se basa sobre todo en la ilustración. En el centro de sus carteles hay siempre figuras humanas bidimensionales, distorsionadas con un infalible sentido plástico. Los instrumentos musicales ayudan a dotar de contexto, pero son los personajes anónimos quienes se convierten en protagonistas. Sus manos crecen para recordarnos que la música es muchas veces resultado de la destreza física; las piernas y los torsos rotundos, que a veces bailan, tienen una paradójica ligereza, se mueven o flotan en un universo de tintas planas, enigmático y sereno al mismo tiempo. El maravilloso empleo del color, donde predominan los tonos pastel, es también una parte importante de su capacidad cautivadora.
Reunimos hoy ante ustedes toda esa sucesión de trabajos que nos han ayudado, a lo largo ya de tres décadas, a imaginar músicas posibles. Ojalá la visita del conjunto les permita soñar una nueva partitura.
Jorge García – Jefe de documentación IVC